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LOS CUATREROS


LOS CUATREROS:

El hecho de tomar los bienes ajenos es sin duda censurable en todos los aspectos y no existe una justificación válida para un acto de tal naturaleza. Sin embargo más que ladrones comunes los cuatreros, son los representantes de un oficio rural, tan antiguo como el campo, regidos por sólidos códigos de honor, suelen hacer sus “raques”, en los terrenos de estancieros potentados y aunque no son como el legendario Robin Hood, el producto de sus arreos ilegales de caballos y vacunos, va a parar a los pobres. Es decir a ellos mismos.
Aunque no se justifica su accionar, la alta cuota de coraje que se necesita para un oficio como este convierte al cuatrero en un personaje romántico y audaz que burla la ley y que reivindica en cierto modo las injusticias cometidas por algunos latifundistas con sus peones. Se dice que todo peón cesante es un cuatrero en potencia y eso es una realidad en zonas como la Patagonia en dónde el fuerte del trabajo está en la Ganadería. Un hombre que ha sido campesino toda su vida, difícilmente puede adaptarse a otros oficios y si tiene la mala suerte de no encontrar trabajo en ninguna estancia, probablemente deberá recurrir a este último recurso, al menos temporalmente, ya sea para alimentar a su camada o a sí mismo. Dice una frase muy certera del poema “Cesante”del dúo Quelentaro, dos hermanos cantores de Angol, Novena Región de Chile, que por su tremenda esencia criollista deberían ser Patagónicos: “he tomado de algún modo rastro de alimento ajeno, y según yo considero, traigo linda mi conciencia, que el pan, no mancha las manos...” La necesidad tiene cara de hereje y a veces por ella los hombres arriesgan el pellejo en las zonas fronterizas convertidos en cuatreros o contrabandistas. Con la muerte acechando por partida doble. Por un lado los carabineros, por otro lado los gendarmes, en medio el hombre y su destino chúcaro.

Habrá que aprender del viento la manera de galopar invisible por el llano,
habrá que pedirle su poncho a la noche para pasar por una sombra más.
Mira que cualquier descuido y la bala que hace tanto te buscaba
En cualquier recodo te escupirá la cara...

Estos nocturnos hermanos generalmente cuentan con el respeto de la peonada de las estancias. Puede que los puesteros los vean pasar de ida y vuelta en sus excursiones a la frontera, pero no deberán temer descuentos en los animales que cuidan, es como una tregua no oficial entre ellos. El puestero se calla, el cuatrero pasa sin hacer daño.
Si el puestero habla, puede que replique el “bocanegra” que el cuatrero lleva en el cinto y el cuento se acaba para el hocicón. En Ultima Esperanza, es conocido el caso de un rancho quemado hasta los cimientos cerca de Tres Pasos y de un bocón que se quedó sin oreja por el certero disparo de un cuatrero. Cerca de Dos Lagunas, la famosa “Barranca de los ladrones”, bautizada así en homenaje a estos personajes, despeña sus leyendas por su lomo erizado de arbustos y es testigo de mil historias que las piedras callan tercamente. Como solo las piedras saben hacerlo.

Los cuatreros por necesidad generalmente lo son hasta encontrar trabajo, pero también están los otros, los libertarios, los que no se atan a patrones y son cuatreros por vocación. Ellos son generalmente los que hacen un arte de este oficio, conociendo al dedillo, todos los pasos fronterizos, todos los atajos, todas las picadas, todas las artimañas. Cuentan generalmente con contactos tanto en Argentina como en Chile, para protección y reducción de los botines obtenidos. Y he aquí otro punto importante: como dice un dicho popular “la culpa no la tiene el chancho, sino quien le da el afrecho” Si no hubiera estancieros que compraran caballos y vacas robados, los cuatreros no tendrían destino para sus negocios y se verían obligados a convertirse en gente honrada. Por otro lado los sueldos miserables que han pagado al peón de campo históricamente en la Patagonia y que incluso han llevado a huelgas apagadas con sangre y fuego por los estados, en defensa de los intereses de los latifundistas, han engendrado esa semilla de rebeldía contra un sistema podrido que hoy en pleno siglo 21 aún tiene muchas cosas que mejorar. El cuatrero patagónico y el bandido centrino, son símbolos vivos de aquella lucha contra la desigualdad social. Como dicen por ahí, “ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón.” Debemos acotar sin embargo, que existen estancieros en Magallanes, que constituyen honrosas excepciones a la regla y tienen a su gente muy bien tratada, pero lamentablemente sobran dedos de una mano para contarlos.
Aunque es deber reconocer que el 90 % de los cuatreros que opera en la Patagonia son chilenos, contrariamente a lo que se cree, los robos de ganado son generalmente a ambos lados de la frontera. Pero si es verdad que la Argentina, una patria hermosa y fecunda, cuna de grandes criollos, ha venido siendo el blanco de asaltos y robos de ganado desde siglos atrás, primero por parte de los mapuches de la dinastía de Calfucurá, cacique chileno que azotó la pampa argentina y fue parte de su araucanización y luego por los bandidos centrinos como los Pincheira y los cuatreros patagónicos como Basilio Pozas, criollos aventureros que han sucumbido a la tentación de las enormes llanuras trasandinas abarrotadas de haciendas y tropillas y han caído como moscas a la miel. Debe ser la esencia malonera del indio que vive en los genes del criollo chileno y a veces lo lleva a la travesura dramática de apostar su resuello por el pan o por el vicio. La historia sabrá juzgarlos o perdonarlos, con su atenuante principal que es la marginación y la falta de oportunidad. Cuatreros hay en todas las naciones y se los corre se los mata y se los odia, a veces con exageración, pero nadie mata ni persigue a los ladrones que amparados en un cargo, roban millones y despojan al pueblo de lo poco que con tanto esfuerzo había reunido, enriqueciéndose a costa del sudor de los pobres, y presentándose ante todos con la desfachatez propia del que tiene corazón de chimango, de cuello y corbata, escondidos tras una fétida mascara de rectitud.

1 comentario:

FLAVIO ROJAS dijo...

Felicitaciones Juan Esquiltuna, un saludo desde Cochamó, último lugar poblado "asaltado" por Basilio Pozas en Julio de 1911, mi bisabuelo Pablo Rojas le correspondió "negociar" con Pozas después que este matara al cabo Abdón Romero(uno de los dos policías existentes en el pueblo)................, la historia concluye con Pozas sepultado vivo a orillas del Río Manso por "La Fronteriza".
Esto corresponde a lo último de "Monsalve" ahora le(s) pido si tienen material correspondiente a este personaje me lo pudieran facilitar ya que estoy entusiasmado con estas historias recolectando información.
flaviorojas65@hotmail.com