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PERSONAJES Y OFICIOS RURALES: LOS OVEJEROS


Fotografía Daniel López

LOS OVEJEROS

Más que un personaje típico de las llanuras australes, el ovejero es más bien un oficio generalmente transitorio entre la variada gama de oficios que pueden desempeñar los hombres del campo, en las estancias. Quien trabaja de ovejero hoy, puede trabajar de esquilador, de arriero, puestero o domador mañana. Esto depende de muchas cosas, entre ellas, la época del año, los sueldos, el giro de la empresa, el genio y la habilidad de cada uno. En realidad es bastante difícil encontrar a alguien que haya nacido y haya muerto trabajando de ovejero y esa visión épica e idealizada que se achaca al oficio no deja de ser una utopía, y una mirada superficial de quienes han buscado darle un sello a la identidad regional con poco conocimiento del tema, basándose en un oficio, en menoscabo de muchos otros. Pero este generalmente es un asunto urbano, en donde se privilegia aquello que tiene más potencial comercial o turístico: en el campo el hombre sabe y maneja sus códigos y sus límites sin problemas. Allí se encuentra el auténtico folclor, definido en toda su extensión como los usos y costumbres de una zona determinada, sin estereotipos y muy distinto al que se expresa con cantos y bailes que en los escenarios citadinos, salvo honrosas excepciones, no identifican ni al hombre, ni al personaje, ni al oficio. Pero esos son otros asuntos, en el campo quien trabaje de ovejero, deberá generalmente recorrer los potreros para vigilar de cerca las majadas de ovejas, en especial en la época de parición , más o menos en octubre – noviembre, que es cuando hay que extremar los cuidados, ya que las madres ovinas pueden presentar problemas al tener a sus crías con el consecuente descalabro que implica que queden botadas con la placenta colgando detrás de cualquier matorral, con la cría débil expuesta atravesada o abortada y para colmo con muchos pares de ojos que vigilan torvos detrás de amarillentos picos asesinos y que buscan ávidos el festín fácil y la sangre. Si el ovejero no llega a tiempo, solo encontrará los despojos de la oveja y el cordero o a la madre sin ojos llorando lágrimas de sangre mientras los caranchos, pájaros endemoniados y oportunistas se burlan desde las altas lengas con su risa de matraca.
Recorrer, es una de las labores mas importantes dentro del oficio de ovejero y no podría ser de otro modo ya que las ovejas no se caracterizan precisamente por su desarrollo intelectual y siempre hay muchas que se meten en problemas aunque no sea época de parición. Algunos de estos animalitos encuentran muy entretenido cruzar los chorrillos en las partes mas hondas o barrosas terminando empantanadas o ahogadas en los pozones como blancos bollos flotantes que a pesar de todo no sirven de elemento disuasivo para otras de la especie que intentan la misma hazaña y terminan del mismo modo. Así hay pozones en que se pueden encontrar 2 o 3 o hasta cuatro ovejas juntas y seguramente no más por falta de espacio. Otras comen y comen hasta el cansancio pasto verde, hasta colapsar y quedar infladas por efecto del fermento de la materia vegetal. Este cuadro de meteorismo las lleva generalmente a quedar botadas en la pampa, por el exceso de peso de la panza, siendo presa fácil para zorros y aves de rapiña. Como los campos son grandes no siempre el ovejero encuentra estos primores a tiempo y la mayor parte de las veces tiene que descuerar ovejas hinchadas, verdes y malolientes. El cuero de estos animales, llamados “mortecinos” se guarda para justificar las cuentas con el patrón. Ahora bien, aquí puede verse que el nombre de este oficio tan mentado se disipa notablemente, cuando el hombre contratado como ovejero comienza a recorrer el campo; aunque sigue trabajando con ovejas el paisano pasa a llamarse, “peón recorredor” o “campañista”. El termino campañista se refiere a un individuo que recorre la “campaña” o el campo con animales, independientemente si son estos ovejas o vacunos. Dentro de esta actividad entonces quedaría implícito el oficio de ovejero. Es más, cuando los animales después de la esquila se van a los campos de veranada, que son los campos más altos de las estancias, los ovejeros se van a vivir a los puestos o ranchos apartados para cuidarlos, entonces pasan a llamarse “puesteros” mudando nuevamente de nombre a un término que como el de campañista, es bastante más amplio ya que los puesteros también pueden cuidar ovejas o vacunos. En resumen, aquel hombre que la gente común llama ovejero, casi de manera tajante, como si se tratara de un destino fijo e inapelable, puede ser definido más certeramente como “campañista” o “puestero” si se encuentra contratado en alguna estancia o si anda en la huella con sus perros de faena, mágicos y maestros en dirigir y contener al piño “mar de lana” movidos por certeros silbidos, asombro del que pasa, nos encontramos en presencia de un…arriero.

De todas maneras no se puede negar que el oficio de ovejero, representa la masa de la ruralidad en Magallanes, por la cantidad de ovejas que se maneja en la región y que se constituye en el término más conocido y de mayor exportabilidad dentro de aquellos que definen las actividades de los hombres de campo, los cual es sin duda meritorio. Sin embargo, que sea más popular no significa que sea el único o más importante oficio dentro del campo. Trataremos de definir los demás con la misma objetividad que nos ha sido posible en la líneas anteriores, en lo posible dejando los estereotipos de lado y aunque varios de ellos se superponen o son una variante de otros, veremos de llegar a encontrar la característica esencial de cada uno y que lo convierte precisamente en lo que es.


Los compañeros

Los arrieros y los ovejeros cuentan con un camarada especial que coopera de manera esencial en las labores camperas. Un camarada que a veces solo necesita una palmada para darse por recompensado, después de haber trabajado demoledoras jornadas. Un amigo y colaborador que rara vez decepciona y siempre está listo para asumir cualquier desafío. Sin duda después de todo lo dicho será imposible que alguien piense que nos referimos a un ser humano.
Claro, el perro.
Pero aquella introducción al tema peca un tanto de idealista, estereotipada, romántica e ingenua. Los perros no son los camaradas del hombre, tampoco es importante sin son amigos o no. Para ser completamente objetivos, los perros que se usan para trabajar en el campo son vistos por los hombres, más como herramientas de trabajo que como animales o compañeros, es probable que el hombre del campo les tenga un cierto nivel de cariño, pero a menos que el perro aprenda a cebar mate y a lavar la loza, no tendrá una utilidad definida y no será necesario, si no sirve de ayuda en las faenas rurales. Como se ve, el hombre de campo es práctico, no se da el lujo de criar mascotas, quiere animales útiles, que no le fallen. Aunque parezca cruda la realidad no se puede desmentir.
En Magallanes, los perros que no sirven generalmente terminan colgados de un árbol y es que la pampa tiene sus leyes y quien las quebranta sufre las consecuencias. Ni siquiera los hombres, en la cúspide de la cadena rural, están libres y pagan de diferentes modos las torpezas o las malas intenciones. La labor del perro junto al hombre es una labor digna y exclusiva. No cualquier perro puede desempeñar esta labor, ya que no solo conlleva una gran responsabilidad sino una elevada cuota de lealtad. El hombre enseña al perro desde cachorro los trabajos que debe desempeñar en el campo y los límites de éstos. El perro con su inteligencia hace el resto y juntos forman parte de un ciclo natural que se inició cuando el hombre domesticó al perro, en otros tiempos. Si duda que no lo hizo para verlo comer y envejecer. Un perro debe ser mejor que eso. En la pampa el perro debe ser inteligente, fiel, trabajador; las circunstancias lo exigen así. No es por lo tanto una mascota estúpida e inútil como la mayoría de los perros citadinos. Su labor es primordial. El hombre y el perro deben ir juntos tirando la carreta para el mismo lado, porque ahí está en juego el destino de ambos, el pan, el futuro. El ovejero (hombre) es un peón asalariado, dependiente de un sistema que debe funcionar para el bien propio, de su familia y de sus perros. El ovejero (perro) debe ayudar a hacer que el sistema funcione correctamente para su bien y el de su amo. Cuando el perro no cumple con su parte comienza una cuenta regresiva. Si el hombre es paciente, se le ayuda, se le aguanta, se intenta revertir el proceso de la mala costumbre, de la maña repentina, de la adquirida falla. Esto generalmente a garrotazos. Puede que resulte, pero en la mayoría de los casos no, y no hay salida.
Puede que un perro que hasta ayer fue bueno de pronto olvide el significado de un silbido y no lo recuerde más. El silbido largo significa detención, si el perro lo ignora, la acción se prolongará más de la cuenta y una torpeza será cometida, una torpeza que puede significar un desbande de parte o de la majada entera, la pérdida de un animal, una hora o un día más de trabajo para el amo. Puede que un perro de pronto comience a darse cuenta que los aperos de su amo son de cuero, de vacuno, de caballo o de guanaco; puede que de pronto les encuentre buen sabor. Un perro que mastica un lazo y lo deja inútil, que se come una manea, una presilla, que va en contra de su propio dueño al destruirle sus herramientas de trabajo; es un animal sin futuro. Y está en la cuenta regresiva, igual que aquel que sin tener necesidad se escapa a los campos y potreros a asesinar las ovejas y corderos que se supone debe proteger.
El hombre es responsable de su perro, y como criollo debe hacerse responsable de sus fallas sin perjudicar a los demás.
Es por eso que en el campo, un perro que come aperos, que carnea ovejas o que no obedece órdenes entre otras variables que desencadenan su desgracia, no puede ser ni regalado, ni liberado.
No se regala porque sería pasarle una lacra gratuitamente a un compañero de labores y eso es una muy mala gauchada; y no se deja libre porque un perro a campo raso se convierte en un bagual, formando jaurías hambrientas que atacan al ganado y a la gente.
Llega un momento entonces en que todos los intentos de corrección se vuelven vanos y al hombre no le queda otra salida. El asunto queda entre hombre y perro.
Si él tuvo la oportunidad de ser un ovejero y la desperdició, no habrá más soluciones y la ley del campo se aplicará con máximo rigor.

Así será, para el perro fiel, inteligente y cumplidor estarán el respeto y el agradecimiento del amo. Para el torpe traidor que asesina la paz y la lealtad, solo estarán el árbol y las moscas

Textos I. Rojel . F

2 comentarios:

Raul Suasnavar dijo...

¿No es suficiente con que se nombre al sur chileno como PATAGONIA, QUE HISTÓRICAMENTE FUÉ LA REGIÓN SUR DEL CONTINETE AL ORIENTE DE LOS ANDES , PARA QUE AHORA A LOS PROBERVIALES HUASOS CHILENOS SE LES NOMBRE COMO GAUCHOS? QUE FALTA DE PERSONALIDAD Y BAJA AUTO ESTIMA DEBEN TENER LOS CHILENOS. L A M E N T A B L E......

Esteban Echaveguren dijo...

NO